Sinceramiento tardío; político en el caso del gobierno provincial, económico en el caso del nacional. En ambos, no todo era tan bueno como se relataba o bien, algunas cosas estaban peor que lo que se mostraba. Las últimas medidas adoptadas implican que tácitamente reconocen que cometieron errores en la gestión, aunque no los admiten voz en cuello; menos bajo el pomposo título con el que han calificado los últimos 10 años: década ganada. Admitir que el PBI creció un 4,9% cuando preveía un aumento del 6%, que la inflación era mayor que la que venían diciendo o imponer un tope del 25% a las discusiones paritarias -por decreto si hace falta-, revelan que las dificultades económicas son mayores que las que se quieren pintar.
Es casi lo mismo que decir -en el plano local- que se pretende relanzar la gestión ¡en los dos últimos años de tres mandatos seguidos! ¿Tanto tiempo tuvo que pasar para que se animen a cambiar algo? Bueno, nunca es tarde para nuevos experimentos. Sino, observemos: el nuevo secretario de Transporte dijo que impulsará medidas para reducir los siniestros viales al 50% en los próximos 10 años. ¡Lo hubieran designado una década atrás como funcionario! Su iniciativa desnuda que alguien equivocó el camino y que tardó un par de lustros en darse cuenta que las cosas no andaban en Transporte. La conclusión es una: la realidad siempre termina aplastando el discurso.
El tema pasa ahora por cómo se va a contener el malhumor sindical, cuyo límite de demanda salarial está más allá del 25% que trata de imponer el Gobierno nacional. Ya ofreció un 22% en cuotas a los docentes, que demandan más del doble. Está a tres puntos del tope que se impuso. Achicar la diferencia va a necesitar de mucho diálogo y bastante resignación de ambos lados para un posible acuerdo. La Provincia no se apartará de la dirección que le indice el poder central, irá a muerte con el porcentaje que diga la Nación. Si al cristinismo le estallan los conflictos -como amenazan las organizaciones gremiales-, esa situación puede repetirse por estos lares, aunque de la mano de aquellos a los que el Poder Ejecutivo no les reconoce legalidad.
Otra vez el viejo dilema entre la legalidad de los gremios y la legitimidad de las demandas. ¿Quién es quién en medio de este entramado de papeles que legalizan siglas y manifestaciones callejeras que legitiman las necesidades sociales? La división está, para jugar en contra de unos y en favor de otros. Los días por venir no sólo demostrarán dónde están las fortalezas y dónde las debilidades, sino hasta dónde la realidad, finalmente, se impone sobre cualquier intento de dibujarla al antojo de la autoridad de turno. Es el desafío mayor que tendrán que enfrentar las autoridades: cómo manejar la situación para no salir maltrechos. El decreto del PEN pinta como el instrumento a usar, tal como pasó en 2013, para cerrar las puertas a las discusiones en el ámbito estatal. En Tucumán están expectantes a lo que ocurra en la Capital Federal, pero es probable que el Gobierno intente superar el 25%, aunque jamás llegando al 30%, que es el porcentaje que -al decir de los habitantes de la Casa de Gobierno- hará tambalear la estructura presupuestaria. Para ponerle un poco de dramatismo, el kirchnerismo salió a decir que los que exijan más de un 25% actuarán como desestabilizadores. Planteemos lo último de otra forma: el Gobierno no puede dar más porque se desestabiliza a sí mismo, producto de su propia gestión. En otras palabras, menos del 25% (o 25%): patriotas, nacionalistas; más del 25%: golpistas, vendepatrias, ultraderecha desestabilizadora. ¿No le suena parecido a Venezuela? Ojalá estemos lejos de ese caos.
Retomando, en ese relanzamiento que viene pregonando el gobernador, hay hechos que le reditúan. Por ejemplo, sumar dirigentes políticos al gabinete, como fue la incorporación de Carolina Vargas Aignasse, que le está dando su impronta a la gestión de una secretaría general de la Gobernación. La pregunta, en este caso, es: ¿hasta dónde le permitirán vuelo político, ya que se viene el tiempo del posicionamiento hacia el 2015? Siempre la pelea por los espacios de poder van de la mano de los celos políticos. A algunos no les gusta que otros crezcan en su mismo plano de acción. Pero hay otro suceso que puede verse en forma favorable o negativa para Alperovich: el de las viviendas deshabitadas de Lomas de Tafí. Por un lado, implica un acierto político que desde la fiscalía de Estado, en manos de Jorge Posse Ponessa, se hayan restituido para el Estado una treintena de viviendas en situación irregular. Una forma satisfactoria de dar respuesta a las quejas justificadas de los vecinos. Sólo cabe la indignación frente a las injusticias. Por otro, resulta una reflexión negativa para el Gobierno: ¿quién permitió que esas casas fueran a parar a manos de gente a las que no les correspondía, habiendo tanta demanda habitacional? Si hay un responsable, ese no está fuera del Poder Ejecutivo, sino bajo la órbita del propio Alperovich. Si hay una investigación más profunda sobre la forma en que se adjudicaron las casas, tal vez algún fusible salte. Preguntas: ¿se permitirá que una repartición del Estado investigue a otra para hallar a un culpable de tantas irregularidades? ¿Se animará el mandatario a entregar una cabeza a causa de esta situación? La acción inicial está para los aplausos, los efectos para los silbidos.
Al margen, así como hubo sinceramientos tardíos, los hubo también tempranos, tal el caso de los massistas. Se definieron por un candidato a presidente y los ahogaron a punto tal que pueden quedarse sin nada en la Legislatura. Algunos andan tratando de tender puentes con el amayismo para no seguir debilitándose. En ese marco, desde las comarcas famaillenses se lanzó al ruedo que se aspira a un acuerdo para una fórmula electoral con Amaya. Desde el municipio los miran, sin definiciones, con dudas y hasta con una sonrisa. Los tiempos políticos de ambos grupos no son los mismos, tampoco las metas.
También hay movimientos políticos que hay que atender; como la aparición de Osvaldo Jaldo en terreno de los “mellizos”. Al decir de un habitante de la Casa de Gobierno, esas jugadas le agradan a Alperovich. Le suman puntos al tranqueño en su carrera hacia la gobernación. Detrás hay interrogantes. ¿Jaldo cuenta con el aval del gobernador para salir? ¿Alperovich lo quiere medir? Por los pasillos del mismo edificio andan diciendo que el gobernador le soltó las manos a Juan Manzur porque no levanta en las encuestas y porque el ministro de Salud estaría jugando su propio partido para ser “el candidato de Cristina” y no el de Alperovich. Si es así, pueden entenderse las salidas de Jaldo desde el malestar que puede ocasionarle al titular del PE que su vice no le esté jugando con lealtad. ¿Será? Lo cierto es que detrás de esta trilogía hay alguien que quiere enemistarlos. Nunca faltan los interesados en meter cuñas o palos en la rueda.
Domingo Amaya no se queda atrás en su objetivo hacia 2015. Si bien desde esa trinchera se dijo que el mes clave para salir a mostrar las cartas sería marzo o abril, adelantaron las fechas. Este fin de semana se vio al intendente capitalino, con su escudero Germán Alfaro, concejales y funcionarios del municipio, pasear por Tafí del Valle. La excusa fue la Fiesta del Queso; se mostró, recibió palmadas, abrazos, y alguno que otro “gobernador”. En adelante, el objetivo será salir al interior, a todas las fiestas patronales posibles para “medirse” y lanzarse definitivamente al ruedo. A diferencia de Jaldo, que salió a mojarle la oreja a los Orellana, el jefe municipal parece que se mostrará más respetuoso de las autoridades locales. Claro, tiene que sumar, no restar. Los “amayistas” quedaron contentos con la “excursión” por los valles, fueron a tomar aire para lanzarse y volvieron renovados.
Ahora bien, no todo queda allí, siempre hay alguno que tiene “su” visión sobre estos sinceramientos prematuros. Un massista, que no es del grupo de los tres mosqueteros, sugiere que el oficialismo trabaja para la fórmula Amaya-Jaldo o Jaldo-Amaya. Bueno, ambos se están “midiendo”, como le gusta a Alperovich, que basa sus decisiones en encuestas. Cualquiera de esas fórmulas respondería a lo que hace un tiempo dijo Ramón Santiago Cano: el peronismo dividido pierde en manos del radicalismo. Pero falta mucho para ese tipo de definiciones.